Inés Rodríguez Caso

La arcilla se ha utilizado para crear algunas de las obras de arte más bellas del mundo: la puerta de Istar, los azulejos de las mezquitas persas, las esculturas de las primeras dinastías chinas, las figuras precolombinas de Mesoamérica, las jarras de Micenas del año 2000 a. C., entre otras. Las porcelanas, objetos translúcidos como el cristal, de la dinastía china Sung, fueron brillantes logros de la técnica de fabricación y cocción. Para Shoji Hamada, el ceramista considerado como Tesoro Nacional de Japón, trabajar con la arcilla significa estar en contacto con la raíz de la vida. La confrontación con el barro puede hacernos reflexionar sobre nosotros mismos de forma terrenal, intensa y apasionada. Se trata de un material suave y sensual, de una sustancia fuerte y pesada que es a la vez resistente y moldeable. Es tan plástica que puede adquirir cualquier forma. Sin embargo, trabajar la cerámica no es fácil. No es inmediato, requiere una serie de procesos difíciles de controlar. Tan sólo al final, después de la cocción, se puede ver la obra terminada. Esta limitación disminuye a medida que aumenta la destreza; la experiencia hace posible visualizar lo que será la obra.
Artesanía y Arte del Barro